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lunes, 16 de marzo de 2015

TESTEO DE CAFÉS: San Miguel [Recoleta]

En el lugar en el que estoy ahora acaban de apagar el aire, y estoy pensando seriamente en irme, además de que me estoy cagando y eso en los lugares públicos está prohibido.
Cuando llegás a tu casa y tu tía te dice de manera no verbal que te tenés que ir, solés recurrir a este tipo de cosas, a seguir malgastando tu primer sueldo. Es un pequeño lugar en una esquina de Pueyrredón con aire acondicionado y poca gente, que a casi una hora de llegar apagaron la refrigeración y se llenó de viejas residentes / aledañas muy arregladas con ropas que nacieron antes que yo. Pido un yogurt con cereales y desilusionada miro cómo me traen un yogurt con cereales. En el coso de plastico, como en el super. Lo abro y para mi sorpresa y alivio y asco tiene hongos adentro. Sí, sí, hongos: una aureola verde con bordes blancos y peludos. Cambio el menú por un té con con leche y 3 medialunas que son exactamente las medialunas más pequeñas que vi en mi vida. Me sirvo 3 tés con leche y eso es lo único bueno de todo esto.
No me gusta salir a cafés y sin embargo me fascina salir a merendar afuera. Una mezcla del esnobismo de estar escribiendo cosas románticamente y en solitario (ser visto escribiendo románticamente y en solitario) con el resabio de que te están cagando con los precios y la calidad de la comida.
Sigo teniendo ganas de cagar y no sé si todavía puedo volver a casa y creo que la mesera me acaba de mirar con cara de cuándo se va esta piba, pero media pila boluda me diste un yogurt podrido y unas medialunas aborto de canapés. Pienso tomar medidas drásticas y no dejar propina, pero eso me hace sentir mal y al mismo tiempo pienso en el yogur, las facturas y las ganas de cagar y ni perdón dijo te voy a dar un alfajorcito como disculpa y en que se sentaron unas viejas enfrente mío pero del lado de afuera que no me dejan ver a las personas que cruzan el semáforo.
Unos chicos apoyan la mano en la puerta de entrada pero ven el vejestorio y salen despavoridos.
Pago y dejo una propina de dos pesos, porque me parece más insultante que no dejar nada.

domingo, 15 de marzo de 2015

TESTEO DE CAFÉS: Napoli [Moreno]

Tener que hacer tiempo en Moreno es un gran problema teniendo en cuenta que para comer hay sólo dos grandes cafeterías-restaurantes, un Burguer, un McDonals y un sinfín de sucuchos grasientos repletos de gente y comida ídem. Las casas de comida rápida me parecen desagradables, comer afuera me parece impuro. Pero el Burguer y gente de su calaña ya me genera una gran repulsión. Una fábrica de gordos, eso me parece. Familias tratando de ser felices, premiando a sus hijos por estar creciendo tan gorditos, tapándose las arterias gustosamente, porque no hay muchas cosas más para hacer en Moreno.
Mi hermano me había dado referencias negativas del Cóndor, así que al Napoli vamos.
Mi idea era comprar un tostado, creo que lo único salado no-cena que venden en estos lugares, pero fiel a mi estilo elegí un te con leche con una pasta frola. Era muy divertido estar merendando rodeada de platos con pastas, carnes y pizza  y bullicio de sábado a la noche. La alterna.
En un primer momento me arrepentí del te, porque te duerme y yo ya estaba cansadísima de haber trabajado por primera vez en mi vida. Pero después lo agradecí, porque te traen una jarrita y teterita para que vos lo hagas y no te dan justo, así que no tomé 1 sino 2 tes con leche. La pasta frola era tan grande que me dieron también cubiertos. Pero no era rica: la masa no tenía la porosidad necesaria y además tenía gusto a heladera.
Exactamente adelante mío había una pareja  sobremeseando. Mientras sus hijos jugaban en el pelotero nosotros jugábamos a no establecer contacto visual, en recrear una pared invisible entre las mesas. Ellos ya eran expertos porque habían construido una entre los dos: estaban sentados del mismísimo lado, y en la hora que estuve ahí apenas intercambiaron palabras. Como si estuvieran cumpliendo mansamente el mandato de salir en familia.
Todo me costó $45 y cuando iba caminando al verdadero destino trataba de convencerme de que no había malgastado taaanto la plata.